SERRANO CUETO, ANTONIO. NO QUIERAS VER EL PÁRAMO

Antonio Serrano Cueto no irrumpe con brusquedad en la íntima habitación de la poesía, sino, al contrario, se adentra en el mundo del misterio con pasos pequeños, pero firmes, con pulso seguro y sin estridencias. No se lanza por la ventana con el fuego ardiente de la pasión, pues considera que la calma es el contrapunto exacto de una emoción contenida en el papel. No pretende correr de súbito sobre las etapas iniciales de la lírica, ya que su principal objetivo consiste en abandonar toda la hojarasca de los recursos para dejarnos entre las manos el latido fugaz de una vida, el recuento de instantes que, muy de vez en cuando, palpitan ante la mirada curiosa de un lector. Piensa que la poesía tiene mucho de reflexión y de soledad y camina paso a paso, con el miedo intacto en los labios.

Sus versos no son vacilantes, a pesar de que tiemblen en el libro. Ese ligero movimiento responde más bien a la desfachatez de verse desnudo, de ir dejando la ropa en el escenario de una metáfora sobria hasta completar un armario repleto de joyas minúsculas. La poesía no está escrita para las grandes hazañas, sino para las vivencias del día a día. No quiere construir castillos en el aire, sino dejar constancia de un mapa de carreteras por el que transitan los recuerdos. Un viaje físico por Roma, Bolonia, Avignon… que en realidad supone el descubrimiento de uno mismo en el camino invisible de la existencia, en ese espejo de sombras en el que, en pocas ocasiones, se posa la luz de la memoria.

Los poemas de No quieras ver el páramo están escritos in Media res, a mitad del camino, cuando el poeta ha alcanzado la madurez suficiente como para enfrentarse a la vida, a los rigores del invierno, cuando es capaz de mirarle cara a cara a la muerte y saber que ha perdido la batalla y, sin embargo, es ahora cuando siente ganas de seguir adelante, de apurar el cigarro del tiempo hasta quemarse los dedos. En un gesto de valentía llama a la puerta de su casa, salta de lleno la juventud de las mañanas y desde la tarde, posada en sus ojos, desfila un elenco de sueños rotos, de experiencias que florecen en el jardín de la memoria. Antonio Serrano Cueto se enfrenta a las sombras de la noche como fantasmas que le hacen cosquillas al insomnio y medita en la tranquilidad de las horas, reflexiona sobre el paso del tiempo, se calienta las manos con el fuego tibio de un amor posado en las ramas del otoño, y, cargado con un saco de penumbras, sale de nuevo a la calle, se tropieza de bruces con el sol y con la dignidad de aquel que ha puesto todo su empeño en la vida, no cierra los ojos y los dirige hacia la luz. Se queda ciego entre las miserias de la vida, justo después de denunciarlas.

Alejandro Pérez Guillén

NOTA BIOGRÁFICA Alejandro Pérez Guillén (Benalup-Casas Viejas, 1973) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Cádiz. En la actualidad trabaja como responsable de la biblioteca pública municipal y como animador cultural de su localidad. Ha publicado los siguientes poemarios: Entrevista con la palabra (Ayto. Benalup-CV, 1997), Sueños de hadas sin hada madrina (Alhulia, 2003), Monedas de papel (Diputación de Cádiz, 2006), Matar a Narciso (Alfar, 2012) y En manos de Orfeo (Renacimiento, 2014). También es autor de los cuadernillos El cadáver dormido de la historia y Tardes en fuga, del libro de relatos La otra realidad (Aladena, 2009) y del libro de prosa poética titulado Re-flexiones: ejercicios para el corazón (Alfar, 2016). Ha sido incluido en las antologías Recital Chilango andaluz 2006. Antología. Y Diez voces de la poesía actual 2017. Puedes visitar su web en: alejandroperezguillen.es Correo electrónico: alepegui@hotmail.com

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